Poema para las elecciones

La etapa electoral siempre me ha parecido tenebrosa, se ven muchas cosas, se oye mucha basura, se habla de más. Mi buena amiga Maite la toma más en serio y reparte afiches y regala pulseras. Yo no puedo con eso. Siempre he votado. Desde que tuve edad. Me gustaba cuando uno era un niño y había guerra de agua y harina. Recuerdo a mi hermana, con un delantal de López, contrariando a la familia que votaría por Galán. Esa fiesta electoral, de salir a pitar, echar harina, gritar arengas, acabó con la democracia en nuestro país. Desde que los prohibieron, se recrudeció la guerra.

Ahora ya no se puede. Tengo que confesar que aunque he dicho que he votado siempre, nunca lo he hecho bien. No me refiero a los candidatos, la verdad voto por los que pierden (los indígenas, los afros, los honestos). Cuando dijo votar bien, me refiero a esa extraña manía de hacer mi voto un acto democrático.

Por eso, durante mucho tiempo, asistí a todas las fechas electorales llevando un plumón rojo, negro o azul. Cuando el delegado me entregaba la tarjeta y veía todas esas caras sonrientes, me ponía por horas a pintarlos. A los calvos les ponía pelo, bigote y barbilla. A otros les pintaba dientes, les ponía tetas, cachos, parches, aretes. Los pintaba todos y cuando terminaba, marcaba el voto en blanco, por si las dudas.

Creo que era honesto. O por lo menos, sensato. Entonces crecí y comencé a entender la vaina, y en una elección para congreso, me volví consciente y vote. Volví a votar unos años después para presidente y entonces que uno en este país no vota por el que quiere que quede, sino por el que le da miedo que llegue al poder.

He votado por años por candidatos que no me gustan, pero que prefiero a los que quedan. Muchos de mis amigos hacen lo mismo. Así es en Colombia medieval: las mismas promesas siempre, crear más ministerios, más leyes, menos impuestos par los pobres, mejor cobertura de salud, multiplicar la policía. El discuro no ha cambiado.

Este domingo toca votar. Como siempre. Votar. Elegir. Pero toca. Este domingo estaré allá, en el carulla de la 116, eligiendo un presidente. Estoy indeciso, aún no tengo definido si votar por el que me gusta y perder, o votar por el necesario y esperar a ver que pasa. Solo espero no arrepentirme. Por lo tanto revise este texto que puede ser interesante para decidirme.


I.

Ay, colombiano
Pobre de vos
Que estáis muertos
Cercenado por la motosierra
Asesinado a quemarropa
Victimado por sicarios
Arrojado a una fosa común
Pobre muerto de Colombia
Desaparecido por los paracos
Engañado por las falsas guerrillas
No merecías esa despedida
Ni merecías nuestra indiferencia
La injusticia que tiñe la bandera
El desprecio de vuestras leyes
La impunidad de vuestros asesinos
Ni el abrazo de las aves carroñeras
Que descienden del páramo
Para comer vuestras entrañas
Flotando en el río
de los olvidos


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